El último cocido de la temporada. La Rayúa.

Entrando ya en el mes de junio, con el olor a verano ya en la nariz, nos ha dado por repasar estos fríos meses que dejamos atrás y nos hemos dado cuenta de que aunque han estado lleno de actividades, noticias y novedades, algo muy importante se nos había quedado en el tintero, un check fundamental en la lista de nuestras tareas invernales, algo que es un ‘must’ para nosotras y que nunca descuidamos… y es que resulta que hemos comido muy pocos cocidos. 

Cada año intentamos, aparte de los caseros de elaboración propia y de los que preparan las madres y abuelas, visitar dos o tres sitios tradicionales de Madrid para comernos un cocido en condiciones, pero este año nos hemos despistado, así que hemos decidido que, aunque rozando el palo, todavía estábamos a tiempo de comernos el último cocido de la temporada. El lugar elegido ha sido: La Rayúa, un sitio en el que habíamos intentado reservar varias veces, pero que siempre estaba lleno. Pero la ventaja de querer comer un cocido en plena primavera, con toques de verano por el cambio climático, donde la gente ya está disfrutando de gazpachos, helados y cañas fresquitas en terraza, es que para comerse un cocido bien calentito y preparado a la leña, de un día para otro había sitio. A veces ir contracorriente tiene sus ventajas. 

La Rayúa debe su nombre a la matriarca de la familia Verdasco que en 1980 inauguró el restaurante la Bola, uno de los más míticos en Madrid para comer cocido y que por supuesto nosotras hemos visitado. Después de este primer restaurante, la familia siguió ampliando locales primero con la Cañada y después con La Rayúa que inauguró su primera sede en Majadahonda y más tarde en Gran Vía, que fue el que nosotras visitamos. 

Aunque tiene una carta más amplia que incluye gran variedad carnes y pescados y hasta una pizza de cocido (WTF!), La Rayúa destaca por su cocido madrileño tradicional, hecho al estilo de La Bola, en pucheros individuales puestos a hervir con leña de encina. Se sirve en dos vuelcos, sopa con fideos y garbanzos con carne y se acompaña de las clásicas piparras, salsa de tomate, cebolla cruda y el repollo aparte para evitar agrias polémicas. De postre no pudimos resistirnos a probar la especialidad de la casa, unos riquísimos buñuelos de manzana con helado. El precio por cabeza fue de 28 € incluyendo una bebida.

El local es bastante agradable y el servicio muy atento. Las paredes están llenas de fotos de personajes famosos que han ido a degustar el cocido de La Rayúa. Como curiosidad os diremos que el dueño del restaurante es el padre de Fernando Verdasco, el tenista que va a comer a menudo con su mujer Ana Boyer. 

En cualquier caso, y mundo celebrities aparte, La Rayúa es un sitio perfecto para degustar un cocido abundante, sabroso y tradicional, preparado con tiempo y con cariño. 

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